Según estas organizaciones, los humedales son hoy los ecosistemas más degradados como consecuencia del incumplimiento de las políticas públicas de protección y restauración.
La sobreexplotación del agua, la agroindustria intensiva y la falta de medidas administrativas eficaces han llevado a espacios emblemáticos como Doñana al borde del colapso ecológico, mientras las causas estructurales de su degradación siguen sin abordarse.
Amigas de la Tierra, AEMS–Ríos con Vida, la Asociación Española de Educación Ambiental, Ecologistas en Acción, Juventud por el Clima–Fridays For Future, la Fundación Global Nature, la Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas y la UGT solicitan un Plan Nacional de Restauración ambicioso que sitúe los humedales en el centro.
Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales para recordar la firma del Convenio de Ramsar en 1971. Más de medio siglo después, la situación de las zonas húmedas es cada vez más crítica. Los humedales son hoy los ecosistemas más degradados del planeta y uno de los símbolos más claros del expolio de la naturaleza por parte de un modelo económico que prioriza el beneficio de unos pocos frente a la vida.
Según datos del Convenio de Ramsar, desde el año 1700 se ha perdido cerca del 90% de los humedales del mundo, una destrucción que se aceleró de forma dramática a lo largo del siglo XX y que continúa en la actualidad. España no ha sido ajena a este proceso. Según informes del MITECO, en la segunda mitad del siglo pasado había desaparecido ya entre el 60 y el 70% del patrimonio húmedo original, fundamentalmente por su drenaje y transformación para usos agrarios e infraestructuras asociadas al desarrollo económico.
Hoy, lejos de revertirse, la degradación continúa. La sobreexplotación de acuíferos, la expansión de la agroindustria intensiva, la contaminación difusa y la especulación urbanística siguen secando y degradando los humedales. Esta situación no es fruto del azar ni de errores técnicos, sino que se debe a intereses económicos concretos, respaldados por decisiones políticas, que han mermado el interés general de estos ecosistemas. Esta degradación no sólo tiene consecuencias ambientales, sino también sociales y laborales. El deterioro de los humedales afecta directamente a las condiciones de vida y de trabajo en los territorios, debilitando economías locales y el empleo ligado al medio rural, a la gestión del agua y a actividades sostenibles, y aumentando la precariedad y la despoblación.
En 2023, el Gobierno español aprobó el Plan Estratégico de Humedales para el 2030. Sin embargo, su desarrollo ha sido insuficiente. Varios compromisos que debían haberse cumplido como la actualización del Inventario Nacional de Zonas Húmedas, la delimitación y el deslinde de los humedales que forman parte del dominio público, la identificación de prioridades de restauración o la eliminación de la posibilidad legal de desecar humedales siguen sin materializarse. En demasiadas ocasiones se ha actuado de forma superficial, sin abordar las causas estructurales de la degradación. Se han destinado grandes inversiones públicas a proyectos que no frenan el expolio del agua, eliminan las presiones de la agroindustria intensiva recuperan la funcionalidad ecológica de los humedales.
El Plan Nacional de Restauración es una oportunidad que no se puede desaprovechar
En el contexto actual de elaboración del Plan Nacional de Restauración, impulsado tras la aprobación del Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza, organizaciones ambientales y sociales entre las que se encuentran AEMS–Ríos con vida, Amigas de la Tierra, la Asociación Española de Educación Ambiental, Ecologistas en Acción, Juventud por el Clima–Fridays For Future, la Fundación Global Nature, la Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas y la UGT reclaman un cambio profundo de rumbo. La restauración de humedales debe ocupar un lugar central y no puede limitarse a actuaciones cosméticas ni convertirse en una herramienta de greenwashing institucional. Es imprescindible contar de manera urgente con un listado nacional de humedales susceptibles de recuperación que permita priorizar actuaciones ambiciosas y coherentes, completar el Inventario Nacional de Zonas Húmedas tras más de dos décadas de retrasos, garantizar la protección y gestión efectiva del Dominio Público Hidráulico y eliminar cualquier resquicio legal que permita la desecación de estos ecosistemas. Al mismo tiempo, resulta inaplazable reducir los impactos de la agricultura y la ganadería intensivas en las zonas de influencia de los humedales, responsables de buena parte de su degradación.
Sí se puede: devolver el agua, recuperar el futuro
Las organizaciones mencionadas afirman con claridad que “sí se puede”. Cuando se eliminan las presiones, se devuelve el agua a los ecosistemas y se prioriza el interés general, los humedales responden y la vida vuelve.
Existen ejemplos de restauración que demuestran que otro camino es posible. Es el caso de la Pletera (Girona), un antiguo complejo de humedales litorales degradado por proyectos urbanísticos que, tras la eliminación de infraestructuras y la recuperación de la dinámica hídrica natural, ha recuperado su funcionalidad ecológica, o el de Campo de Lamas (Galiza), donde la reversión de la desecación histórica ha permitido la regeneración del humedal. Estos procesos muestran que restaurar humedales no solo mejora la biodiversidad y la calidad del agua, sino que recupera memoria colectiva, refuerza la resiliencia frente a las crisis ecológica y climática y abre horizontes de futuro.
Abordar su restauración exige, por tanto, una transición ecológica justa, que ponga en el centro el interés general, garantice empleo digno y con derechos para no dejar a nadie atrás y refuerce los servicios públicos.
Devolver el agua a los humedales es una cuestión de justicia ambiental y social. Significa poner límites a quienes los secaron y degradaron y apostar por un modelo de relación con el territorio que cuide la vida. Restaurar los humedales es restaurar el futuro. Y esa es una decisión política que no puede seguir esperando.




